Home Other Languages Other Languages
Mercury - Esencia de la Materia Médica Homeopática - Mercurius Solubilis PDF Print E-mail
esencia_homeopatica_160The following is a full and exact copy of Mercury solubilis contained in Esencia de la Materia Médica Homeopática.

Please note that you are not allowed to copy this page to your website. Check our copying policy for details.



Mercurius solubilis

El estudio de Mercurius es un excelente ejemplo de cómo el con-cepto de la esencia de un remedio puede aclarar una aparentemente abrumadora cantidad de datos. Siendo Mercurius uno de los remedios más extensamente experimentadas y ampliamente usados de la Materia Médica, presenta un formidable cortejo de síntomas para el estudiante principiante; es un verdadero tratado de estados patológicos. Sin embargo, después de un largo y meditado estudio sobre la Materia Médica, gradualmente se es capaz de discernir un hilo, un tema que impregna el remedio. Una vez comprendido esto, todos los «datos» ocupan su sitio en una imagen única.

En Mercurius, no hay una palabra o una frase simple que describa adecuadamente ese hilo. La idea básica es que hay una falta de capacidad de reacción unida a unas funciones inestables e ineficaces. El organismo sano tiene un mecanismo de defensa, una reactividad que le capacita para crear un equilibrio estable, eficiente frente a la exposición a los innumerables estímulos físicos y emocionales del entorno. En Mercurius, este poder reactivo está debilitado, haciéndose inestable y vacilante en sus funciones. Virtualmente todos los estímulos son absorbidos por el paciente sin la adecuada defensa, produciéndose un estado patológico.

La falta de capacidad defensiva produce en el paciente Mercurius una susceptibilidad a todo. Conforme repasamos la Materia Médica hallamos que el paciente Mercurius se AGRAVA por todo —calor, frío, aire libre, clima húmedo, cambio de tiempo, calor de la cama, transpiración, ejercicios, diversos alimentos, etc.—. Por contra, parece haber muy pocas mejorías; muy pocas cosas pueden ser absorbidas por el paciente que le produzcan bienestar, porque el organismo es incapaz de ajustarse adecuadamente a nada. Como demostración interesante (aunque no es un método de estudio generalmente recomendado) se puede repasar la sección de Generalidades del Repertorio buscando el número de rúbricas en que aparece en itálicas o en negrita agravado o mejorado por influencias físicas; sólo hay siete mejorías (cinco de las cuales relacionadas con el hecho de acostarse), mientras que hay cincuenta y cinco rúbricas de agravación. Debido a esta extrema vulnerabilidad, vemos que el paciente Mercurius tiene un estrecho margen de tolerancia hacia todo; por ejemplo, el paciente estará cómodo solo en un muy margen de temperaturas, sintiéndose mal incluso por un ligero acaloramiento o enfriamiento.

La intolerancia al calor y frío ilustra la inestabilidad que caracteriza la debilidad particular de Mercurius. Como menionó Kent, el paciente es un «termómetro» vivo. En un momento sufre el frío y busca el calor, pero una vez calentado se agrava también. Esto es cierto no sólo durante una fiebre, sino también de forma crónica. Hay también una debilidad e inestabilidad en la expresión emocional; se produce una alternancia de llanto con risa. A diferencia de Ig-natia, en quien este síntoma es una manifestación de un estado histérico por emociones incontroladas, el llanto/risa de Mercurius se debe más a una inestabilidad mecánica. Al llorar, Mercurius siente que le viene una emoción que que le hace oscilar al extremo opuesto, reir; mecánicamente, risa y llanto pueden a menudo ser muy similares, y la inestabilidad Mercurius hace oscilar al paciente de un estado al otro fácilmente.

La inestabilidad Mercurius, su ineficacia funcional, puede ser ilustrada reflexionando sobre el estado físico del mercurio. Si uno rompe un termómetro de mercurio, descubre que éste parece existir en un estado entre líquido y sólido. Fluye como líquido, pero aún así tiende a mantener su propia forma hasta cierto punto como un sólido. Si intentas cogerlo con los dedos resbala; no puede ser cogido como un sólido, y no se pega a la piel como un líquido. En su forma física, Mercurius es errático en su funcionamiento, así como inestable e ineficaz en su estado patológico.

Vemos así que la debilidad Mercurius no es como la de otros remedios. Arsenicum puede presentar postración, pero es completamente diferente de la inestabilidad de Mercurius. Por supuesto, Arsenicum comparte muchos síntomas patológicos específicos similares, pero la intolerancia al frío de Arsenicum se alivia con el calor; también es cierto que mentalmente Arsenicum muestra mucha más capacidad de reacción —ansiedad, inquieta actividad de la mente, perspicacia—. Stannum, Helonias y Baptísía son otros remedios con una severa disminución de la capacidad de reacción, pero no con la inestabilidad e ineficacia de Mercurius.

Esta debilidad de reacción Mercurius no es un suceso súbito. Es un proceso lento, insidioso, que puede ser difícil para el paciente, y por tanto para el homeópata, percibirlo en fases precoces. Progresa tan lentamente, que el paciente apenas nota la vulnerabilidad a los estímulos. En el momento que el paciente consulta al homeópata por un trastorno particular, la vasta cantidad de síntomas han sido olvidados, no siendo reconocidos ya como anormales. Habiendo aprendido a adaptarse al estrecho margen de tolerancia a las cosas, el paciente comenta sólo los síntomas inmediatos que le traen a la consulta. En fases precoces, se necesita interrogar de forma hábil, reflexiva y sin prisas para extraer síntomas homeopáticos de los que el paciente mismo puede no ser consciente que son diferentes a los de los demás.

Por ser el estado mental el centro de la persona, describamos en detalle las fases del desarrollo de la patología en el plano mental. El primer efecto observado es la lentitud mental de Mercurius. El paciente es lento en responder preguntas (como Phosphorus y Phosp-horicum acidum, así como otros remedios). Es lento en comprender lo que está sucediendo, o lo que se le pregunta. Esto al principio no es confusión mental, o mala memoria, sino una auténtica lentitud, una incomprensión, una especie de estupidez. Calc. carb., también es mentalmente lento, pero Calcárea es una persona inteligente; una vez comprendida, Calcárea es capaz de usar la idea eficientemente. Mercurius es lento de mente y pobre en comprensión.

La mentalidad Mercurius tiene una especie de ineficacia en la acción. Mercurius es uno de los remedios caracterizados por apresuramiento e inquietud, pero es un apuro en el que la persona no acaba nada. Una tarea que llevaría media hora realizarla, le llevará hora y media al paciente Mercurius. Remedios como Tarentula, Sulphuricum acidum, Nux vómica y Natrum mur. son también apresurados en grado patológico, pero sin embargo, sus actividades son productivas y eficaces.

La segunda fase se caracteriza por la impulsividad. La mente Mercurius, debido a la vulnerabilidad a los estímulos externos e in-ternos, es incapaz de mantenerse concentrada puramente en una dirección particular. La persona sana es capaz de concentrarse en un asunto a pesar de los muchos pensamientos e ideas casuales que intentan invadirle. La mente Mercurius no tiene la fuerza suficiente para tanta concentración. Todo pensamiento casual que asoma a la mente se convierte en algo a lo que el paciente necesita responder. Esto se relaciona con la ineficacia mental, pero se hace incluso más extrema al progresar la patología. Con el tiempo, el paciente Mercurius se hace susceptible a todo tipo de impulsos concebibles. Puede tener un impulso de golpear, de romper cosas, de matar a alguien por una ligera ofensa, incluso de matar a una persona amada. (Mercurius, Nux vómica y Platina son los únicos remedios listados para este impulso).

Estos impulsos, sin embargo, no son fácilmente reconocibles para el médico. El paciente Mercurius siente deseos pero los controla. Es un individuo cerrado, lento en responder, reacio a revelar a otros lo que siente. Tiene suficiente intuición para reconocer su vulnerabilidad a los estímulos e impulsos. Reconociendo que esta susceptibilidad puede acarrearle trastornos, simplemente los mantiene dentro, no permitiendo que sean socialmente visibles. Es una estrategia frágil; la persona sigue igual de vulnerable y debe dedicar mucha energía para mantenerse bajo control.

Al progresar la patología a la tercera fase, la ineficacia mental, la pobre comprensión, la impulsividad y vulnerabilidad acaban finalmente en un estado paranoide. El paciente se siente tan vulnerable que empieza a percibir a todos como enemigos. El frágil mecanismo de control no ha tenido éxito, de modo que inevitablemente percibe a todos como adversarios de quienes debe defenderse.

En este punto, el paciente no está realmente loco, pero puede sentir que se está volviendo así, y puede tener miedo a la locura, particularmente de noche.

En la fase final de la patología mental, no vemos el desarrollo de una locura evidente como vemos en muchos remedios. En Mercurius, la falta de reactividad es tan extrema que incluso no puede generarse un estado de locura. En su lugar se desarrolla imbecilidad. Es como si el cerebro se hubiera reblandecido, y fuera incapaz de reaccionar en absoluto. Todos los estímulos son absorbidos, pero ya no son comprendidos.

La secuencia de eventos en el desarrollo de la enfermedad en Mercurius en los niveles físico y mental es uno de los clásicos ejemplos de progresión de la patología tan bien comprendida por la ciencia homeopática. Aunque Mercurius puede afectar a todo el sistema orgánico, vemos más comúnmente que sus «órganos diana» parecen ser primero la piel y mucosas, luego la médula espinal y finalmente el cerebro. La lenta e insidiosa progresión de la enfermedad a través de estos órganos trae a la mente la posibilidad de que Mercurius tenga una afinidad particular por las estructuras ectodérmicas. Como bien sabe la biología, el embrión se diferencia en tres líneas tisulares: ecto-dermo, mesodermo y endodermo. Cada una deriva en funciones diferentes en el organismo maduro. Las estructuras ectodérmicas incluyen en particular la piel, mucosas cerca de la superficie, ojos y sistema nervioso. Estas son las estructuras por las que tiene afinidad Mercurius.

La debilidad de la reacción defensiva es evidente en toda la sinto-matología física de Mercurius. Como se mencionó antes, los pacientes Mercurius tienen uno de los más estrechos márgenes de tolerancia al calor y al frío. Por la debilidad del mecanismo de defensa, hay gran inestabilidad en el sistema Mercurius. Esto es evidente en una variedad de síntomas físicos para los que es bien conocido.

Uno de ellos es su facilidad de transpirar, sin sentirse aliviado por ello. La transpiración es una función normal destinada a enfriar el cuerpo cuando está sobrecalentado, y también para excretar productos tóxicos. En Mercurius, sin embargo, el más ligero estímulo o ejercicio produce transpiración debido a su hipersensibilidad. Es una hiperreacción a un estímulo mínimo. Después, incluso la transpiración misma se vuelve una causa de agravación debido al estrecho margen de tolerancia.

La falta de capacidad de reacción es la causa subyacente de la característica agravación Mercurius por la supresión de las secreciones, como la otorrea u otros trastornos supurativos. En Mercurius, esta supresión ocurre muy fácilmente por el tratamiento ortodoxo. A diferencia de la defensa saludable que tiene el poder de restablecer la secreción en la misma u otra forma, el sistema Mercurius simplemente absorbe la influencia morbosa, derivando la patología a un nivel más profundo.

Hay una tendencia a las supuraciones crónicas de todo tipo, supuraciones que pueden durar muchos años. Simplemente, no hay su- ficiente fuerza defensiva para eliminar la infección, de modo que se estanca en un «punto muerto», hasta que el alópata interviene y suprime la infección desplazándola a un nivel más profundo.

Hay mucha ulceración, particularmente de la piel y mucosas (aftas) en Mercurius. Son ulceraciones fagedénicas, úlceras que el cuerpo no tiene la capacidad de curar y por tanto se extienden de forma lenta sobre áreas cada vez más extensas.

Cuando se establece una supuración o ulceración en Mercurius, no hay suficiente fuerza para curarlas, de manera que se produce una descomposición progresiva. Esto es muy evidente en el terreno gingival que produce una debilidad de la dentadura, la formación de bolsas de pus y un olor muy ofensivo. Los característicos olores ofensivos de Mercurius son producidos por la descomposición inevitable en un organismo que carece de fuerza reactiva.

Tal como hemos visto con la transpiración, que se produce por la hipersensibilidad del sistema a cualquier carga impuesta sobre él, vemos también un proceso similar en la excesiva salivación de Mercurius. El estómago es afectado por cualquier influencia, y, después, incluso el más ligero desarreglo produce una excesiva salivación. La salivación puede verse en cualquier momento del día o de la noche, pero es más marcada durante la noche, un tiempo de agravación típico de Mercurius. Debido a esta baja reactividad, el paciente es fácilmente debilitado por cualquier influencia durante el día, hasta que finalmente éstan se hace más evidente por la noche; dolores óseos, síntomas inflamatorios, trastornos del sistema nervioso, el temor a la locura y la salivación empeoran de noche.

Como fase intermedia en su progresión desde la superficie del cuerpo al cerebro, la patología Mercurius ataca a la médula y el sistema nervioso periférico, produciendo temblor, particularmente en las manos. Este temblor puede ser diagnosticado como enfermedad de Parkinson o arteriosclerosis, pero su causa fundamental en un caso Mercurius es la debilidad defensiva y la consiguiente inestabilidad funcional. El paciente encuentra que es incapaz de coger un vaso en sus manos sin derramarlo, salvo que asegure su codo o antebrazo. Este temblor es característicamente simbólico de la esencia Mercurius. La falta de reactividad —la debilidad frente a todo estímulo tan fácilmente absorbido en el sistema— produce al final una inestabilidad de en las funciones normales. Así como el mecanismo de control de la temperatura oscila de acá para allá entre ligeros extremos de ca- lor y frío, intentando continua e ineficazmente compensar la situa-ción, así también la mano oscila de acá para allá en un intento ineficaz de hacer su función normal —de ahí el temblor.

Una vez es comprendida esta esencia de la imagen Mercurius, se pueden releer las Materias Médicas y descubrir que el laberinto de datos encaja ahora en un sencillo y coherente cuadro.