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Phosphorus - Esencia de la Materia Médica Homeopática PDF Εκτύπωση E-mail
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Phosphorus

Difusión es el tema que rige la patología Phosphorus. Difusión es el proceso de expandirse en el entorno, como el humo expandiéndose en el aire, o el color de una bolsa de té difundiéndose uniformemente en el agua. Los mismo sucede con la energía, la conciencia, las emociones e incluso la sangre del paciente Phosphorus. Es como si no existieran barreras —físicas, emocionales o mentales—. Por ello, el paciente Phosphorus es vulnerable a todo tipo de influencias. En el nivel físico, vemos que casi cualquier lesión o tensión puede producir una hemorragia; esto ocurre porque las paredes de los vasos sanguí-neos son débiles y fácilmente permiten que la sangre difunda a los tejidos circundantes. En el plano emocional, las emociones del paciente Phosphorus se proyectan libremente hacia los demás, con poca capacidad para contenerlas y protegerse emocionalmente. Mentalmente, el paciente se olvida de sí mismo, hasta el punto en que la conciencia puede volverse muy difusa y descentrada; el paciente puede «colocarse fácilmente».

Describamos primero una persona con un buen estado de salud que sin embargo posee la predisposición Phosphorus, y que puede evolucionar a un estado de enfermedad si el mecanismo de defensa se agota por un exceso de tensión; tengamos en cuenta, no obstante, que sólo prescribimos sobre signos patológicos, no sobre los saludables. Físicamente, el paciente Phosphorus es generalmente alto, delgado y con pelo, piel, manos y rasgos delicados. De niño, es cálido, extrovertido, afectivo, artista o músico y muy sensible. Es muy abierto e impresionable; se puede «ver a través» de tal niño, cuyo ser se manifiesta sin esfuerzo, sin mucha reserva. Durante la adolescencia se produce un gran crecimiento, que le da la típica apariencia enjuta y desgarbada.

A lo largo de la vida, el tipo de persona Phosphorus es cálido, amigable, extrovertido, que disfruta mucho de la amistad y de la compañía, pero que también puede disfrutar de la soledad desarrollando proyectos artísticos. Es agradable tener cerca a una persona así, porque es verdaderamente compasiva, anteponiendo generosamente el interés por los amigos a las preocupaciones personales. La persona Phosphorus es muy inteligente y refinada. No hay secretos para ella; cualquier cosa que hay en su mente la comparte con franqueza. El calor y el afecto se difunden libremente hacia los amigos e incluso hacia los extraños. Una parte importante de su vida gira en torno a las relaciones interpersonales. Puede convertirse en un buen político, que luchará por causas humanitarias, o bien puede hacerse agente de ventas porque tiene la habilidad de vender cualquier cosa en la que crea. Phosphorus es muy impresionable y creerá cualquier cosa que se le diga en las áreas que no domina, y entonces, una vez ha adoptado una creencia irá entusiasmado a convencer a otros.

Esta persona es un tipo de paciente agradable para el homeópata, por ser impresionable y confiado; el paciente Phosphorus cree lo que el prescriptor le dice, y sigue las instrucciones de buena gana y con efusiva gratitud. Desde la primera entrevista, el paciente ve al prescriptor como un amigo, estrechando su mano cálidamente, inclinándose hacia delante en el asiento y quizá llegando a tocar la mano o muñeca del prescriptor cuando enfatiza un punto. Este paciente da los síntomas libremente, sin reserva. Hay predisposición a sufrir ansiedades de diversos tipos, pero se alivian fácilmente tan sólo con algunas palabras tranquilizadoras.

La difusión de la consciencia es evidente por el hecho de que el paciente Phosphorus fácilmente se sobresalta. Todos nosotros podemos rememorar el estado mental de soñar despierto; la conciencia viaja a lugares o circunstancias lejanas. En ese estado, si hay un ruido súbito, como un claxon, un portazo o el estallido de un trueno, el que sueña se sobresalta, porque la consciencia es forzada a volver súbitamente a la realidad. Este es el estado al que el paciente Phosphorus es altamente susceptible. Es una difusión de la consciencia que el paciente puede no ser capaz de controlar fácilmente. Durante una tormenta, la persona ordinaria oirá el trueno y después fácil- mente se prepara para más; el paciente Phosphorus, sin embargo, tiende a difundirse automáticamente, y de ese modo se sobresaltará con cada ruido.

En la primera fase de la patología Phosphorus, generalmente predominan los síntomas físicos. En la fase infantil de desarrollo (sean cinco o treinta y cinco años de edad), puede haber una tendencia a sufrir hemorragias fáciles. Pueden sufrir epistaxis por la menor causa. Las menstruaciones pueden ser profusas o prolongadas. La sangre tiende a ser roja brillante. La tendencia hemorragípara es simbólica de la esencia general de Phosphorus. Lo cálido y brillante del paciente Phosphorus se difunde generosamente al exterior, con poco sentido de los límites.

Es en esta fase en la que vemos al paciente Phosphorus fácilmente restablecido por el sueño. Esto es comprensible cuando reflexionamos que el sueño es un tiempo en que la mente se relaja y aquieta, dejando de esforzarse por mantener la consciencia. Las personas más controladas e intelectualizadas precisan mucho tiempo para lograr esta quietud; deben caer en sueño profundo. Pero, el paciente Phosphorus, se siente restablecido rápidamente porque su conciencia puede soltarse con facilidad.

Durante este estadio, vemos también la característica sed de Phosphorus, particularmente por bebidas frías. Si hay ardor en el estómago (Phosphorus experimenta dolores ardientes internamente —una manifestación del calor—), los dolores serán aliviados por cosas frías; pero esto sólo dura hasta que la bebida o comida se calienta en el estómago, y entonces el estómago puede agravarse de nuevo. Hay un anhelo por comer chocolate y dulces. Considerando la sed y el deseo de dulces, es fácil ver la predisposición de Phosphorus hacia la diabetes.

Al progresar la patología física, la facilidad de sangrado puede ser evidente a niveles más profundos. Puede haber hemorragia indolora en el tracto gastrointestinal, produciéndose inesperadamente hema-temesis o melenas. Puede haber bronquitis en fase precoz y leve, incluso con hemoptisis de sangre roja brillante. Puede haber hematuria sin otros síntomas acompañantes. Pueden hacerse pruebas de laboratorio y rayos X, y no se encuentra nada. En tales circunstancias hay que pensar en Phosphorus como un posible remedio.

Mientras predominan los síntomas físicos, hay pocos síntomas en la esferas emocional o mental. No obstante, al progresar la patología a la segunda fase, vemos remitir los síntomas físicos y aumentar las ansiedades y miedos. Por supuesto, hay una auténtica ansiedad por el bienestar del otro, sea amigo o extraño. Esto puede conducir a un grado patológico de ansiedad, disipando incluso su propia energía. Este es el auténtico estado de simpatía, mientras que otros remedios en la misma rúbrica tienen ansiedad por los demás por otros motivos de interés personal.

Hay una intensa ansiedad por la salud en Phosphorus. El paciente se vuelve tan influenciable que si oye a alguien que habla sobre alguna enfermedad concreta, se preocupará con la posibilidad de que también él pueda tener esa enfermedad. Esta vulnerabilidad a la sugestión, sin embargo, es fácilmente aliviada por la sugestión contraria; algunas palabras tranquilizadoras del homeópata y el paciente suspira con alivio, agradecido, volviendo a lo mismo cuando oiga otra posibilidad alarmante.

Es durante esta fase cuando aparecen muchos miedos. Hay miedo a la oscuridad, miedo a estar solo, y miedo al crepúsculo. Puede haber miedo a las tormentas. Al principio, estas ansiedades y miedos son ligeros, y son corroborados por la sed y el sueño reparador.

Al presentarse el tercer estado, el paciente se abruma por las ansiedades y miedos. Mientras que antes fueron ligeros y se manejan simplemente con tranquilizarle, gradualmente ocupan más y más la energía y atención del paciente. Este, tiene cada vez más dificultad para relajarse, y la ansiedad puede provocarle hiperventilación, produciendo desequilibrios en el pH sanguíneo. La tendencia subyacente de ansiedad y tensión impide la relajación incluso durante el sueño; el paciente despierta sin sentirse restablecido y con gran ansiedad (como Lachesis, Graphites y Arsenicum).

Después, la continua ansiedad se hace latente, sin causa identi-ficable. Un miedo de que algo malo sucederá inunda la vida de la persona, como música de fondo. Toda posibilidad se anticipa con miedo. Hay miedo a padecer una enfermedad de forma inminente, particularmente al cáncer (más que a enfermedad cardíaca), pero, al final, a cualquier enfermedad.

Finalmente, el paciente Phosphorus cae en miedo a la muerte, un pánico sobre la idea de una muerte inminente. El paciente siente que se está muriendo, especialmente cuando está solo. Hay una sensación interna borrosa, como burbujas surgiendo y difundiéndose al exterior, o de que el alma deja el cuerpo. Siente un gran pánico, con hi- perventilación, excitabilidad y palpitaciones. Este es el punto en que el paciente desarrolla la necesidad de compañía, por el temor a una muerte inminente.

La necesidad de compañía puede ser tan fuerte como para impulsarle a salir de su casa para buscar amigos con quien hablar. No es una necesidad de hablar con la gente sobre la salud en particular, como en Arsenicum; más bien, Phosphorus siente la necesidad de hablar con alguien de cualquier cosa, a fin de aliviar el pánico.

Al aumentar el miedo, muchos de los otros síntomas confirmatorios físicos desaparecen. Puede no haber sed, ningún deseo de sal ni de pescado.

Finalmente, en la cuarta fase, la mente se afecta completamente. Los miedos disminuyen, pero la mente se deteriora. Hay dificultad en concentrarse, una incapacidad para pensar coherentemente, o una incapacidad para comprender lo que los otros están diciendo. Cuerpo y mente se debilitan. El paciente se vuelve indiferente a la compañía e indiferente al entorno. El resultado es un estado de senilidad o imbecilidad. Otro final común de Phosphorus es un ataque de apoplejía en el que se pierden muchas facultades mentales.

El estadio final puede ser muy difícil para prescribir porque hay pocos síntomas para distinguir Phosphorus de otros remedios. Por esta razón, una cuidadosa historia de los acontecimientos del pasado y un adecuado conocimiento de las fases de la patología de los remedios son cruciales para ser capaces de beneficiar al paciente.

Una vez vista la esencia de Phosphorus, sólo se necesita confirmar el remedio con otros síntomas. Por experiencia, algunos de los más útiles son: sed, deseo de sal, deseo de pescado, deseo de chocolate, deseo de dulces, peor el lado izquierdo, incapaz de dormir sobre el lado izquierdo, hormigueo de las puntas de los dedos de las manos, pérdida indolora de la voz. Además, distintos pacientes Phosphorus pueden ser calurosos o frioleros —aunque no el mismo paciente.